BIENVENIDOS AL BLOG DE 1ºC CURSO 2011/2012

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viernes, 30 de marzo de 2012

II CONCURSO DE CUENTOS INVENTADOS

-Hoy se ha celebrado el II Concurso de Cuentos Inventados
Se agradece la afluencia de participación y el derroche de creatividad e imaginación mostrado por los participantes. Ha habido 13 cuentos concursantes.
El ganador, por mayoría de votos ha sido el cuento de David:
Bartolo el flojo:
Bartolo era un niño al que le gustaba mucho jugar. Siempre estaba pensando en sus video juegos, en salir a la calle a jugar a la pelota, a patinar o a correr a toda velocidad con su bicicleta.
A Bartolo no le gustaba hacer los deberes, ni hacer las tareas en el cole.
Su maestra ya estaba desesperada, siempre le repetía: ¡Bartolo, trabaja o no saldrás al recreo!. Pero el no le hacía caso y la maestra se ponía muy triste.  Hasta que un día llamó a la mamá de Bartolo y lo contó todo lo que pasaba.
La mamá de Bartolo, también intentaba que trabajara, pero nada, Bartolo no hacía nada.
Todos lo animaban para que trabajase, porque si no lo hacía, cuando fuera mayor no podría ser astronauta, que es lo que más deseaba Bartolo, pero nada.
Un día los papás de Bartolo, decidieron que sería mejor que Bartolo fuese a un colegio interno, que son unos colegios donde todo el día no se hace otra cosa que estudiar y no se puede jugar, ni ver la tele, ni nada de nada, sólo estudiar.
Cuando Bartolo se dió cuenta de que además de todo eso, tampoco podría ver a sus papás, ni a sus amigos, se lo pensó mejor y decidió que trabajaría muchho en clase y haría todos los deberes sin protestar. Y ¿sabéis de qué trabajó cuando se hizo mayor?... De astronauta. FIN.
Autor: David
Los cuentos participantes han sido los siguientes:
La piraña:
Había una vez un niño que tenía una pecera llena de peces de colores, le gustaban mucho y tenía de todos los tamaños y todos los colores. Un día que se portó bien, su padre lo llevó a comprar un nuevo pez y el niño eligió uno pequeño y con cara de mala leche. Cuando llegó a su casa lo echó a la pecera con los demás ppeces y todos se escondieron al verlo con esa cara. Al niño esto le hizo mucha gracia y se reía mucho. Al día siguiente, cuando se levantó, fue a ver a sus peces y, en vez de reirse, empezó a llorar. El nuevo pez que había echado a la pecera no era un pez normal, era una piraña y se había comido todos sus peces de colores. Desde aquel día, el niño aprendió lo que eran las pirañas y su padre volvió a comprarle más peces de colores para llenar su pecera !Y la piraña la tiraron al mar! Fin.
Autor: Rafa

El pingüino bailarín
Una avioneta vuela al Polo Sur. Al llegar la avioneta queda congelada y se quedó como una estatua inmovil sin poder volar. Cerca de allí había unos pingüinos muy jugetones y graciosos. Los hombres de la avioneta pidieron ayuda por la radio para que fueran a su rescate. Tardaron un día entero en llegar, pero, por fin, llegó.  Se subieron en ella y se marcharon. Cuando llegaron a la ciudad se dieron cuenta de que con ellos iba un pasajero más. Era un pingüino que se coló dentro de la avioneta sin que nadie se diera cuenta. Era un pingüino muy gracioso y bailaba y daba saltitos muy contento. Todo el mundo se enamoró de él, así que, lo llevaron al zoo, donde lo iban a cuidar muy bien y todo elmundo podría verlo bailar. La gente se reía mucho con él y lo querían mucho. Y, él estaba FELIZ. Fin.
Autor: Nacho

El puma de la nieve
Érase una vez, un gran puma que iba por la nieve y se encontró un precioso árbol nevado con manzanas. Y en la parte más alta, vió a un diminuto ratón que estaba muy contento. El puma se puso a hablar con el ratoncito. Le dijo: - ¿Por qué estás aquí tan solo, en la nieve, por qué no tienes amiguitos con quién jugar y hacer muñecos de nieve?. El puma le contestó: - Porque a todo el mundo le doy miedo. El ratoncillo respondio: - A mí no me das miedo, vamos a jugar los dos y luego iremos a beber algo caliente y yo seré tu mejor amigo.
Y felices, se pusieron a jugar en la nieve y hacer muñecos de nieve y así fueron felices. Fin.
Autora: Ana Isabel

El pato congelado
El pato Paco se estaba bañando en el río y, de repente, se congeló y quedó atrapado en el. Sus amigos, el perro Lucas, la gallina y la ardilla Adelina, fueron a ayudarle. Cogieron un martillo y rompieron el hielo donde estaba el pato Paco atrapado. Por fin lo sacaron del río. ¡Qué susto!-dijo Paco-Pensaba que nunca saldría de allí. Lucas le respondió: -No deberías bañarte en el río hasta que llegue la primavera y el río no esté helado. -No lo haré nunca más- dijo Paco- La próxima vez tendré más cuidado. Gracias. Fin
Autor: Oscar


La princesa y Cars
Había una vez una princesa que se llamaba Lindereya y le gustaban los coches de carreras. Un día se encontró un coche de carreras de los que le gustaban, se llamaba Cars y le dijo a la princesa: -¿Cómo te llamas?, yo me llamo Cars. La princesa le contestó: -¡Que ojos tan bonitos!.- Y tu también.
-¿Quieres venir a mi casa?, le invitó la princesa. -Sí, sí, además tengo pipí.
-Pues, venga rápido. Y ya después de hacer pipí... - ¡Guay, que casa tan bonita tienes!. -Gracias, seguro que la tuya también es muy bonita. -¿Quieres ver mi casa? -¡Sí, sí!. -Pues venga, vamos a mi casa. Y se fueron a la casa de Cars que también era muy bonita. -¿Quieres salir a mi terraza? -Sí, sí.
-Pues venga, vamos. Fin
Autora: Adriana


El conejito de pascua
Un día, el conejo de pascua iba con su cesta de huevos de chocolate y encontró un arbusto para esconder uno. Un día, unos niños iban a bucar huevos de chocolate. La niña encontró un arbusto, lo abrió y encontró un huevo de chocolate y lo metió en su cesta. Cuando los niños se fueron a casa, cargados de huevos, pues el conejo se fue a su madriguera feliz de que todos los niños se fueran al bosque para que encontraran huevos de chocolate. Fin.
Autora: Paula

La niña que no quería ir a comer
Había una vez una niña que no quería comer. Un día, su mamá le dijo que como no comiera no le dejaría que jugase con la videoconsola. La niña dijo que no, y que no. Su mamá le dijo que si no pensaba comer ya no le dejaría nunca más que jugase con la consola. La niña le dijo que ya se lo había dicho, que no y que no. Su mamá contestó que ya no había remedio que llevarla al médico. La niña dijo que no quería ir al médico. Y la mamá le contestó que entonces tendría que comer mucho. -Ya te he dicho miles de veces que no quiero ir a comer.- replicó la niña. -Pues te llevaré al médico.
-No quiero ir al médico, te lo he dicho muchísimas veces, ya me estoy cansando mucho. Al final, la niña fue al médico y le dijeron que se tenía que quedar muchos días y lloraba y lloraba sin parar. - Bua, bua, bua, bua. Me haces mucho daño, ya me quiero ir que esto duele mucho. -No te quedarás muchos días más, te irás acompañada de tu mamá.
-Mamá, mamá, me quiero ir.  Y al día siguiente ya sí quería comer y decía que era muy chulo comer.
Autora: Lucía


El zapato viejo
Un zapato viejo estaba arrinconado en un cuarto solo, hacía años que no veía el sol. Un día un niño entró y lo sacó. El zapato sintió el hermoso sol y el aire otra vez. El niño jugó con el zapato mucho tiempo. Cuando se deshicieron del zapato, el niño lloró, pero el zapato se iba feliz, porque sabía que alguien lo quería.
Autor: Ángel


La abuela y el agaporni
Un día, una abuela que se sentía sola, compró un agaporni para que le hiciera compañía. La abuela le daba todos los días papillas para alimentarlo. De pequeño le pusieron una bombilla todo el día para que tuviera calor en la jaula. La abuela lo enseñó a jugar con un cascabel y una pelota. Pasó el tiempo y el pájaro creció.  La abuela y el agaporni se llevaban muy bien. El pájaro volaba mucho dentro del piso y se paraba en lo alto de la cabeza y del hombro. Al día siguiente, la abuela estaba limpiando y abrió la ventana. El agaporni, al ver la ventana abierta, salió por ella y se fue volando. La abuela se puso triste porque creía que ya no lo volvería a ver. Pasaron los días y el pájaro no aparecía. A la mañana siguiente la abuela salió al balcón a regar las macetas y se encontró allí al agaporni. Se puso muy contenta y ya nunca más abrió la ventana. Fin
Autor: Javier


El pompero
Juan tenía un pompero muy bonito, que era un regalo de su abuela. Cuando lo abrió, se puso a hacer pompas, pero no salían pompas, salían estrellas fugaces. Juan se lo dijo a todos los amigos de su clase y la seño lo escuchó. Entonces, le dijo que se lo llevara porque lo quería ver. Juan se lo enseñó y todos se quedaron sorprendidos. Empezaron a investigar todos juntos y cuando lo hicieron,  descubrieron que se dejaron el pompero afuera en la fábrica y se cayó una estrella fugaz y había tenido hijos y por la noche salían al cielo y de día se metían. Las estrellas se encariñaron con los niños y siempre volvían por la mañana. Fin
Autor: Sergio


El niño que no quería comer
Érase una vez un niño llamado Pedrito. Era pequeño, delgado, de ojos azules y pelo castaño. Estaba en su habitación y su madre lo llamaba a comer. -¡No quiero!- decía Pedrito- !No tengo hambre¡. Pero su madre subió muy enfadada. Aún así, Pedrito no comía nada: ni pera, ni manzana, ni plátano ni verdura. Sólo comía chuces, y chuches. Un día se iba a tomar otra chuche y le empezó un dolor de muela. Se fue al dentista y le dijo que no comiera más chuches y que comiera mucha fruta y mucha verdura. Desde ese día, comió mucho y mucho y no volvió a comer ninguna chuche. Colorín, colorado, este cuento se ha acabado.
Autora: Isabel

El costurero mágico y Susana
Esto era una familia que buscaba una casa grande en el bosque porque ya estaban hartos de vivir en la ciudad con tanto ruido. Encontraron una casa muy bonita que le habían dicho sus amigos. Se pusieron a hacer las maletas para irse ese mismo día. Y llegaron esa misma tarde.  Cuando vieron la casa, se quedaron boquiabiertos, porque era la que estaban buscando. Se bajaron del coche y cogieron las maletas. Entraron en la casa y los padres se pusieron a deshacer las maletas y los niños se pusieron a investigar la casa. Daniel y Susana se pusieron a explorar la casa. Daniel le dijo a Susana: -Mira, mira lo que hay en en techo, hay una cuerda.  Tira de ella. Cuando tiraron de ella salió una escalera. Subieron a ver lo que había allí arriba. -Hay algo que brilla- dijo Daniel- vamos a mirar lo que es. Entonces, Susana, que era más atrevida, lo abrió y vio que era un costurero mágico porque le hablaba. Y el costurero dijo: - Susana, yo puedo cumplir el sueño que has deseado durante toda tu infancia.
Y así, Susana comenzó a hacer pequeños vestidos que luego, poco a poco fue introduciendo en pequeñas tiendas. Y fueron pasando los días y los años y el costurero y Susana fueron muy felices.
Autora: Elen

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